Cuando se habla simplemente del zorro, normalmente se hace referencia al zorro común o zorro rojo, cuyo nombre científico es Vulpes vulpes; es un mamífero del orden Carnivora y de la familia Canidae, y en Europa es el único representante del género Vulpes. Tiene un tamaño mediano, cuerpo esbelto, hocico alargado, orejas triangulares, pupila vertical y una cola muy larga y espesa, que puede alcanzar alrededor del 70 % de la longitud del cuerpo; su pelaje es muy variable, aunque la forma más conocida es la rojiza, con zonas claras y extremos más oscuros. Es uno de los carnívoros con mayor distribución del mundo y ocupa una enorme variedad de ambientes, desde bosques, campos y montañas hasta zonas agrícolas, periferias urbanas e incluso ciudades; en España está presente en casi toda la Península Ibérica y en los territorios del norte de África, aunque falta de forma natural en Baleares y Canarias. Es un animal muy adaptable, de actividad sobre todo nocturna o crepuscular, inteligente y oportunista, cuya dieta cambia según lo que tenga más a mano: puede comer pequeños mamíferos, conejos, aves, insectos, frutos, carroña e incluso basura en medios humanizados. Se reproduce normalmente a comienzos del año; los apareamientos suelen darse entre enero y febrero, la gestación dura unos 52 días, el parto tiene lugar en madrigueras y la camada puede variar entre uno y siete cachorros, que nacen ciegos y abren los ojos aproximadamente a las dos semanas. El zorro desempeña un papel importante en los ecosistemas porque ayuda a controlar poblaciones de otras especies y aprovecha muchos recursos distintos, y aunque a escala global y en España se considera una especie de preocupación menor, puede verse afectado por enfermedades como la sarna o el moquillo y por conflictos con las actividades humanas.