El alcaraván es un ave terrestre de aspecto peculiar, conocida científicamente como Burhinus oedicnemus, que pertenece al orden Charadriiformes y a la familia Burhinidae; se caracteriza por su cuerpo esbelto, patas largas y fuertes, pico corto y robusto, y unos ojos muy grandes y amarillos que le dan una expresión muy llamativa, adaptados a su actividad principalmente nocturna. Su plumaje es de tonos pardos, ocres y grisáceos con un dibujo que le permite camuflarse perfectamente en terrenos secos y pedregosos. Suele medir entre 38 y 45 centímetros y presenta una silueta elegante cuando se desplaza por el suelo. Vive en zonas abiertas y áridas, como llanuras, estepas, campos de cultivo, eriales y terrenos pedregosos con poca vegetación, donde pasa gran parte del tiempo caminando o permaneciendo inmóvil para pasar desapercibido. Se alimenta sobre todo de insectos grandes, escarabajos, saltamontes y otros invertebrados, aunque también puede consumir pequeños vertebrados como reptiles o roedores. Es un ave principalmente crepuscular y nocturna, y durante el día suele permanecer quieta y bien camuflada. Hace el nido directamente en el suelo, en una simple depresión, donde la hembra pone normalmente dos huevos, que incuban ambos adultos. Es conocido por su característico canto, un sonido agudo y penetrante que se escucha sobre todo al anochecer. El alcaraván es una especie muy ligada a los paisajes abiertos tradicionales y su presencia indica ambientes poco alterados, aunque puede verse afectado por la intensificación agrícola, la pérdida de hábitat y las molestias humanas.