La garcilla bueyera es un ave acuática de tamaño pequeño a mediano, conocida científicamente como Bubulcus ibis, que pertenece al orden Pelecaniformes y a la familia Ardeidae, la misma de las garzas; se caracteriza por su plumaje blanco, aunque en época de cría presenta tonos anaranjados o dorados en la cabeza, el pecho y el dorso, además de un pico amarillento y patas relativamente cortas en comparación con otras garzas. Suele medir entre 45 y 52 centímetros y tiene una silueta compacta, con cuello corto y aspecto más robusto que otras especies de su grupo. Vive en una gran variedad de ambientes abiertos, especialmente en zonas agrícolas, pastizales, marismas y áreas cercanas al agua, aunque también es frecuente verla lejos de humedales, siguiendo al ganado. Se alimenta principalmente de insectos, como saltamontes, escarabajos y otros invertebrados, además de pequeños vertebrados, que captura caminando por el suelo; es muy conocida por acompañar a vacas, caballos u otros animales, aprovechando los insectos que estos levantan al moverse. Es un ave muy sociable, que suele formar grupos y criar en colonias junto a otras garzas, construyendo nidos en árboles o carrizales. La hembra pone varios huevos y ambos adultos participan en la incubación y el cuidado de los pollos. La garcilla bueyera ha experimentado una gran expansión en las últimas décadas y hoy es común en muchas zonas, siendo una especie muy adaptable y ligada tanto a medios naturales como humanizados. Aunque en general se considera de preocupación menor, depende del mantenimiento de hábitats adecuados y puede verse afectada por cambios en el uso del suelo o la contaminación.