La abubilla es un ave muy característica y fácil de reconocer, cuyo nombre científico es Upupa epops, que pertenece al orden Bucerotiformes y a la familia Upupidae; se distingue por su aspecto inconfundible, con un cuerpo de tonos anaranjados, alas y cola con franjas negras y blancas, un pico largo, fino y curvado hacia abajo, y una llamativa cresta de plumas en la cabeza que puede desplegar en forma de abanico cuando se excita o se siente amenazada. Suele medir entre 25 y 29 centímetros y presenta una silueta elegante tanto en el suelo como en vuelo, que es ondulante y muy característico. Vive en zonas abiertas con árboles dispersos, como dehesas, campos de cultivo, huertos, parques y jardines, donde encuentra alimento y lugares adecuados para nidificar. Se alimenta principalmente de insectos y sus larvas, gusanos y otros pequeños invertebrados que captura en el suelo con su largo pico. Nidifica en huecos de árboles, muros, edificaciones o cavidades naturales, donde la hembra pone varios huevos; es conocida por el fuerte olor que desprende el nido, una adaptación defensiva frente a depredadores. Es un ave migradora en gran parte de su área de distribución, pasando el invierno en África y regresando en primavera a Europa. La abubilla es una especie muy ligada a los paisajes tradicionales y agrícolas, y aunque en general no presenta problemas graves de conservación, puede verse afectada por el uso de pesticidas, la pérdida de hábitat y la desaparición de lugares adecuados para nidificar.