Cuando se habla del conejo en España, normalmente se hace referencia al conejo europeo, cuyo nombre científico es Oryctolagus cuniculus; es un mamífero del orden Lagomorpha y de la familia Leporidae, la misma de las liebres. Tiene un cuerpo compacto, orejas relativamente largas, patas traseras fuertes adaptadas para saltar y correr, y una cola corta y redondeada; su pelaje suele ser pardo grisáceo, lo que le permite camuflarse bien en su entorno. Vive en una gran variedad de hábitats, especialmente en zonas abiertas con matorral, campos de cultivo, dehesas y terrenos mediterráneos, donde excava complejas galerías subterráneas llamadas madrigueras, en las que se refugia y cría. Es un animal principalmente crepuscular, muy sociable, que vive en grupos y mantiene una organización jerárquica dentro de la colonia. Su alimentación es herbívora, basada en hierbas, brotes, hojas, cortezas y otros vegetales, y tiene la particularidad de practicar la cecotrofia, es decir, ingerir ciertos excrementos blandos para aprovechar mejor los nutrientes. Se reproduce con gran rapidez, pudiendo tener varias camadas al año con entre 3 y 7 crías cada una, lo que explica su alta capacidad de crecimiento poblacional en condiciones favorables. El conejo es una especie clave en los ecosistemas mediterráneos, ya que constituye una presa fundamental para muchos depredadores como el águila imperial o el lince ibérico, aunque sus poblaciones han sufrido fuertes descensos debido a enfermedades como la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica vírica, además de cambios en el hábitat y la presión humana, lo que ha tenido importantes consecuencias ecológicas.