El quebrantahuesos es una gran ave rapaz carroñera, conocida científicamente como Gypaetus barbatus, que pertenece al orden Accipitriformes y a la familia Accipitridae; es una especie muy singular y fácil de reconocer por su silueta estilizada, sus alas largas y estrechas, su cola larga en forma de rombo y su aspecto elegante en vuelo. Presenta una coloración característica, con el dorso oscuro, las alas negras y las partes inferiores de tono anaranjado o blanquecino, color que adquiere en parte por baños en barro rico en óxidos de hierro; además, tiene una “barba” de plumas negras bajo el pico que le da su nombre. Puede alcanzar una longitud de unos 100 a 115 centímetros y una envergadura cercana a los 2,5–2,8 metros. Vive en zonas montañosas y escarpadas, con grandes cortados rocosos, como los Pirineos y otras sierras, donde encuentra lugares adecuados para nidificar y abundancia de alimento. Es una rapaz especializada en la alimentación de huesos, que constituyen la mayor parte de su dieta; cuando estos son demasiado grandes, los eleva en vuelo y los deja caer contra las rocas para romperlos y poder ingerirlos, lo que lo convierte en una de las aves más especializadas del mundo. Construye su nido en repisas de acantilados y suele reproducirse en invierno, con puestas de uno o dos huevos, aunque normalmente solo sobrevive un pollo. Es una especie muy escasa y emblemática, que en España se concentra principalmente en los Pirineos, aunque se están llevando a cabo programas de reintroducción en otras montañas. Durante mucho tiempo estuvo en grave peligro por persecución humana, envenenamiento y cambios en la disponibilidad de alimento, pero gracias a los esfuerzos de conservación sus poblaciones han comenzado a recuperarse, aunque sigue siendo una especie protegida y vulnerable que requiere una gestión cuidadosa de su hábitat.