El abejaruco es un ave muy colorida y llamativa conocida científicamente como Merops apiaster, que pertenece al orden Coraciiformes y a la familia Meropidae; se caracteriza por su plumaje brillante y variado, con tonos verdes, azules, amarillos y castaños, su pico largo y curvado hacia abajo y su silueta esbelta con alas puntiagudas y cola alargada. Suele medir entre 25 y 29 centímetros, aunque puede parecer más grande por las plumas centrales de la cola. Vive en zonas abiertas y cálidas, como campos, dehesas, riberas y taludes arenosos, donde encuentra tanto alimento como lugares adecuados para nidificar. Se alimenta principalmente de insectos voladores, especialmente abejas, avispas y otros himenópteros, que captura al vuelo con gran habilidad; antes de tragarlos, suele golpearlos contra una rama para eliminar el aguijón. Es un ave migradora que pasa el invierno en África y regresa a la península ibérica en primavera para reproducirse. Nidifica en colonias, excavando galerías en taludes de tierra o arena donde pone varios huevos, y es muy sociable tanto en la cría como durante sus desplazamientos. Además de su belleza, el abejaruco desempeña un papel importante en el equilibrio natural al controlar poblaciones de insectos, aunque puede verse afectado por la pérdida de hábitat, el uso de pesticidas y las molestias en sus zonas de cría.