El águila pescadora es una rapaz grande y muy llamativa, conocida científicamente como Pandion haliaetus, que vive siempre muy ligada al agua porque se alimenta casi exclusivamente de peces; pertenece a la familia Pandionidae y es, de hecho, la única especie viva de esa familia. Tiene el dorso de color pardo oscuro, las partes inferiores blancas, la cabeza blanca con una franja oscura a modo de antifaz sobre los ojos, y unas alas largas y angulosas que la hacen inconfundible en vuelo; además, suele medir alrededor de 53 a 66 centímetros y alcanzar una envergadura aproximada de 147 a 174 centímetros. Vive en costas, estuarios, lagunas, embalses, grandes ríos y otros humedales, donde sobrevuela el agua, se cierne buscando a su presa y después se lanza con las garras por delante para capturar peces, que sujeta con una gran fuerza gracias a sus patas y dedos especializados. Su nido es grande y voluminoso, hecho con ramas, y puede colocarlo en acantilados, árboles, pequeñas islas o estructuras elevadas cercanas al agua; muchas parejas reutilizan el mismo nido durante años. La hembra pone normalmente entre dos y cuatro huevos, los pollos nacen tras unas cinco semanas y permanecen varias semanas más en el nido hasta poder volar. Es un ave de amplia distribución, presente en muchas regiones del mundo, y aunque en algunos lugares sus poblaciones se han recuperado, sigue siendo sensible a la destrucción del hábitat, las molestias en las zonas de cría, la contaminación y algunos accidentes con tendidos eléctricos o aerogeneradores. Por su aspecto elegante, su habilidad para pescar y su estrecha relación con ríos, lagos y costas, el águila pescadora es una de las rapaces más admiradas del mundo.